EL CONFINAMIENTO NOS PASARÁ FACTURA

 

No sé si vamos a ser capaces de aguantar otro mes más o, en el peor de los casos, muchas semanas más, inmersos en un confinamiento estricto que cuando acabe será necesario habilitar grandes unidades de emergencia psiquiátrica para atender la inevitable avalancha de trastornados por la crisis.

En un país como Alemania, con el doble de población que la española, tienen la mitad de contagiados por el coronavirus y diez veces menos fallecidos que nosotros. Algo tienen que estar haciendo mejor que italianos, franceses, británicos y, por supuesto, españoles.

En ese país germano hay miedo al virus, ¡cómo no! pero no cunde el pánico que se ha generado entre nosotros.

El país más poblado de Europa guarda su sangre fría frente a la pandemia y concibe el distanciamiento físico entre personas y el confinamiento de una forma razonable y, si se me permite, hasta más humanizada.

El secreto de su buen control radica en la eficacia, la rapidez y la precocidad con que se hicieron y se siguen haciendo los tests diagnósticos. ¡de los tests diagnósticos hechos a millones de alemanes! ¿Lo sabían?

Tienen infectados, por supuesto que los tienen: unos 60.000 bien controlados gracias a los tests y aislados y tratados en unos hospitales nada congestionados y médicamente bien organizados. Y 1.017 fallecidos, es decir, ¡diez veces menos que nosotros!

¿Dónde radica su buena estrategia frente a la crisis? Pues en Corea del Sur. Desde que los alemanes fueron alertados por la OMS en el mes de enero (como el resto de países, incluida España) y viendo lo que estaba pasando en Asia, hicieron suyo, aplicándolo de forma generalizada, el modelo coreano de contención.

En lugar de confinar a toda la población, los alemanes han optado desde el inicio de la crisis por hacer tests diagnósticos fiables a todas las personas que muestran síntomas de la enfermedad, incluso leves, pero sobre todo a las personas de su entorno. Cada día se realizan más de 200.000 pruebas en todas las ciudades y Länders del país, estando todos los laboratorios alemanes homologados para el análisis de esos tests, Después de ese primer paso, lo siguiente ha sido aislar a los pacientes reales lo más rápidamente posible.

En España, a falta de tests masivos pero sobre todo fiables, por la torpeza de un gobierno inexperto, se ha optado por el confinamiento indiscriminado a prácticamente el 95% de la población. De esta forma, además de alterar vidas y conciencias, le concedemos al virus todas las oportunidades para que se propague entre las personas que viven bajo el mismo techo.

El gobierno de la Sra. Merkel está invitando a sus ciudadanos a quedarse en casa tanto tiempo como les sea posible, pero sin ninguna limitación real en sus salidas ni a nivel local ni federal. Pueden ir a trabajar, viajar en coche, moto o bicicleta, hacer sus compras, ir al médico, salir a caminar o practicar deportes, sin necesidad de ninguna certificación acreditativa como ocurre en nuestro país, donde todo queda al criterio del policía de turno capacitado para imponer sanciones aterradoras.

Los parques y espacios verdes alemanes permanecen abiertos y los afortunados que son dueños de jardines privados o huertos pueden acudir a diario para cultivarlos. Las restricciones más estrictas se limitan a las visitas entre amigos y familiares en el interior de las viviendas pero no a las reuniones al aire libre, lo que todo el mundo agradece cuando los rigores del invierno están dando paso a la tregua de la primavera y al posterior verano.

En España, ante la patética estrategia planeada por el gobierno para verificar mediante tests poco fiables el alcance de los contagios, se ha optado por la opción más dura: el confinamiento masivo que, a pesar de los “vaivenes de la curva” no conseguimos aplanarla ni con la plancha más pesada.

Y así nos va. El país bloqueado, la economía en bancarrota, los hospitales desbordados, los sanitarios peligrosamente contagiados, las familias agobiadas por la escasez de medios y el miedo al futuro, los empresarios y autónomos al borde un ataque de nervios, la ciudadanía cada días mas confundida por las falsedades que propala la televisión oficial, los chiquillos desesperados y sin colegio, los universitarios viéndolas venir, y mientras tanto, los tests de escasa fiabilidad se hacen única e innecesariamente a los que ya se sabe que están contagiados (y también a los políticos como clase privilegiada y porque son los que mandan). Y a pesar de estas medidas carcelarias, los contagios se enseñorean a lo largo y ancho de esta maltrecha piel de toro. Las siete plagas de Egipto van a quedar en un juego de niños.