EN LA OPINION DE…….

Jesús Sierra A. Mucho es lo que se ha escrito sobre la pandemia que ha asolado a gran parte del planeta, y más que seguramente se seguirá escribiendo.
Errores, aciertos, pero sobre todo enseñanzas y aprendizajes es lo que más nos dejará esta emergencia de salud. Tendremos que aprender a cuidarnos más y a convivir diferente si queremos llegar a viejos.
El individualismo tan vigente hoy está en entredicho combatiendo frente a lo colectivo. El derecho de todos supera mi derecho, porque me cuido yo en beneficio de todos, porque además, me lo reclaman intensamente.
La costumbre de usar la casa solo para dormir se vencerá frente a la certeza de que es el único espacio seguro; el refugio en el que la convivencia no peligra.
Cosa curiosa. En los días que llevamos de cuarentena hemos reparado más los desperfectos de la casa y avanzado más en los pendientes que en los años anteriores. Un buen saldo resultado del encierro.
Por otro lado, seguramente estamos gastando más en víveres y juegos de mesa, pero se compensa con el ahorro en desayunos, comidas, tragos, gasolina y otros gastos propios por deambular por la calle.
Sin embargo; lamentablemente este escenario positivo contrasta con la realidad de millones de personas que no se pueden dar el lujo de la cuarentena.
Millones de personas tienen, por imperiosa necesidad y no por ganas, que salir a ganarse la vida. Necesitan salir a buscar el pan para su familia y aún con eso no lo logran porque simple y sencillamente las fábricas, los negocios, los comercios y otros centros de trabajo están cerrados porque no están en el listado de actividades prioritarias. Y la prioridad de su familia donde queda?
Hay que reconocer que el esfuerzo colectivo ha ido más allá que el del gobierno. De eso no hay duda. Su sacrificio es mayor.
Mientras más se prolongue la emergencia más difícil será para todos, pero hay a quienes les afectará intensamente. Los que menos tienen, como siempre.
Aquí es donde la solidaridad social hace falta. Es obvio que el gobierno no tiene para todos ni para todo. Lo público es limitado en el mejor de los casos, cuando no sesgado.
Se ocupa del gobierno, desde luego. Pero se ocupa más de nosotros mismos. Si queremos que la sociedad siga erguida, que no se derrumbe, debemos participar todos. La economía cercana, la de nuestro entorno es simple. Consiste en dar ocupación a quien pueda reparar nuestras cosas, nuestra casa, nuestro auto; etc. No se trata de erogar grandes cantidades para ayudar. La idea es ser solidarios. No da el que tiene, sino el que quiere. Seguramente dormiremos mejor si fuimos capaces de ayudar a que una familia pudiera alimentarse.
Hay quienes organizan acciones altruistas y recolectan víveres para donar. Hay que apoyarlos desde luego. La caridad es buena, pero es mejor el empleo porque remunera y preserva la dignidad de las personas.
Si empleamos a quienes podamos, también estaremos ayudando a que la delincuencia ni la inseguridad se incrementen.
Si alguien puede gastar un poco más, estará colaborando para que la economía no se detenga y será de mucha ayuda; además el robo y otros delitos no se cometerán, porque ya sabemos de lo que es capaz y padre o una madre cuando tiene la angustia de que sus hijos no pueden comer.
Muchos están metidos de lleno hablando y escribiendo de política. No es malo. Discurren que si el partido x o el partido y están así o asado. Sinceramente no le veo mucho el caso.
Nadie de los millones de mexicanos que esté viviendo una desgracia de salud o económica piensa en política, a menos que sea para dedicarle un recordatorio maternal a los políticos.
Que si el presidente sube o baja de popularidad en las encuestas. Eso tampoco tiene importancia para ellos, salvo para los aferrados seguidores o para sus desesperados opositores. Los demás ni pintan ni dan color; lo harán en su momento, cuando esto pase.
Pero cuando esto pase, hay que ver si los unos o los otros tienen el respaldo o las propuestas y personas adecuadas para el momento, porque el electorado y la sociedad estará más incrédula que nunca.
Los políticos de ayer tendrán que aprender para estar a la altura de la realidad. Los políticos de hoy tendrán que desarrollar nuevos mecanismos de acercamiento con la sociedad.
Las prácticas del clientelismo y la dádiva no desaparecerán pero revelarán a los ruines y oportunistas.
Ya veremos qué sucede más adelante, por lo pronto, practiquemos la solidaridad sanitaria y económica para transitar estos momentos en las mejores circunstancias, pero sin perder de vista que después, nada será igual para nadie.